miércoles, 27 de mayo de 2009

KINO


Caminaba por despejarme; pa’ sentirme relajado,
las deudas me traían loco, me tenían atormentao:
el rancho, que si el pasaje, la escuela de mi muchacho;
obligaciones y gastos
gritaban por todos lados:
la luz, el celularcito, el gas y el mismo mercado.

Viendo sin mirar mucho, justo en el kiosco de al lado,

un Kino como quien dice, me tenía el diente pelao:
la edad que tiene Carlitos, la edad que tiene Julián,
el día de mi cumpleaños, el cumple de mi mamá,
el día en que nos casamos, el día que me sentí mal,
la casa que queda al lado, los perros de mi papá,
los pasos de desde mi casa, las hijas de Don Hernán;
el número de la cuadra, los postes de aquí hasta allá;
las viejas que están al frente, los recibos por pagar,
los cauchos que tiene un carro…
- ¿Por qué no lo vo´a comprar?

Y así le aposté mi plata a la tabla de salvación;
este Kino si no pierde, este Kino es ganador…
y empecé a echarle cabeza a qué haría con mi montón:
- Con este bojote e'plata me compro otro pantalón;
le compro una casa a Juana y un bonito camisón;
meto un pocote al banco pa'que Carlos sea doctor;
también me compraré un carro,
no, mejor compro un camión;
lo pongo a cargar arena y le doy trabajo a León.

Y en ese sueña que sueña, vino un maldito ladrón,
me quitó unos cuatro fuertes, mi sombrero y un reloj
y aunque quise taponearlo; hasta el Kino me quitó,
se llevó mi pantalón nuevo, de Juana su camisón,
la casa que yo quería, y dejó desempleado a León…

Menos mal que el condenao Kino ni de vaina se acercó,
de eso hacen dieciocho años, y vengo a recordarlo hoy;
hoy que ando apuraíto; con un nuevo pantalón;
Juana carga vestido nuevo; vamos pa’la graduación,
porque el Kino no hizo falta; porque le echamos pichón;
vamos corriendo a la Magna,
hoy mi Carlos es doctor.

Adriana Medina